Matrimonio, Fornicación, Adulterio

 

Por Jacobo Palafox G.

 

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras este dormía, tomó una de las costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será ahora llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn. 2.18, 21-24).

 

En esta ocasión quiero abordar este tema que es algo escabroso por la gran cantidad de personas que tienen alguna clase de problema relacionado con el matrimonio. Así mismo por que la fornicación y el adulterio son temas que afectan a una gran cantidad de personas en la actualidad y tienen relación directa con el matrimonio quiero tratarlos un poco en este artículo.

 

Cuando digo que es un tema escabroso me refiero a que las personas que de una o de otra manera están involucrados en problemas de matrimonio o de fornicación o de adulterio, en muchos casos prefieren no hablar de ello. Sin embargo es necesario tomar en cuenta que estos problemas pueden ser la causa de la condenación del alma de las personas, por lo tanto es necesario hablar de ellos aunque duela un poco o un mucho. Por otro lado yo sé que hay muchas personas que aunque tienen un problema de esta índole, no quieren reconocerlo, sin embargo debo decirle a esas personas que tomen en cuenta que su problema no es en primera instancia con los hombres, sino más bien con Dios. Ya que Dios juzgará a cada uno según sus obras, lo más conveniente bien con él cuando aún hay tiempo y oportunidad. Vamos pues juntos a recorrer juntos las páginas de la Biblia, para enterarnos de la voluntad de  Dios con respecto al tema que nos ocupa.

 

El Matrimonio

 

Dios en su inmensa sabiduría instituye el matrimonio en la culminación de su obra creadora. El matrimonio no es pues una institución ideada por los hombres, no es el resultado de la evolución de la sociedad, etc. El matrimonio es una institución de origen divino. Tanto el hombre como la mujer deben confiar en la inmensa sabiduría de Dios y seguir el camino señalado por El en todas las situaciones de su vida terrenal.

 

En nuestros días hay muchas personas que tienen temor de unirse en matrimonio por lo gran cantidad de fracasos de que se tiene noticia, sin embargo deben considerar que los fracasos en el matrimonio se deben, en la gran mayoría de los casos, al hecho de que los cónyuges no tomaron como fundamento de su matrimonio las reglas establecidas por Dios sino que se dejaron llevar por los deseos carnales, por el atractivo físico del hombre o de la mujer, etc. En lugar de tomar en cuenta que en el matrimonio, se deben respetar tanto la intención de Dios al instituirlo, como las reglas establecidas por El para llevarlo a cabo.

 

La intención de Dios al instituir el matrimonio está bien claramente definida cuando dice Dios “no es bueno que el hombre esté solo; le hare ayuda idónea para él”. Tanto el hombre como la mujer están complementándose el uno al otro. La mujer es el complemento idóneo para el hombre y el hombre es el complemento idóneo para la mujer. La intención de Dios al establecer el matrimonio entre un hombre y una mujer es también que su descendencia sea santa: “mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por que uno? Por que buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales con la mujer de vuestra juventud” (Malaquías 2.14-15).    

 

Muchos matrimonios fracasan porque solo tienen como fundamento la satisfacción de los deseos carnales. Por eso con el tiempo cuando ya no sienten que su pareja los satisface, empiezan a buscar la satisfacción fuera del matrimonio y luego buscan el divorcio para poder continuar satisfaciendo sus deseos con otra pareja.

 

Otro problema presente en nuestra sociedad es el de las parejas que deciden vivir en unión libre. Ellos creen que por que han cohabitado con un solo hombre o con una sola mujer están bien con Dios. Sin embargo el propósito de Dios es que un hombre y una mujer se unan en matrimonio y que así vengan a ser una sola carne: “por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne.” La expresión “y se unirá a su mujer y serán una sola carne” implica la unión matrimonial en obediencia al mandamiento de Dios para que así puedan llegar a la relación íntima entre el hombre y la mujer; dejando de ser dos y viniendo a ser uno solo, “Y los dos serán una sola carne; así que no son ya más dos, sino uno” (Mr. 10.8). Una vez que un hombre y una mujer se han unido en matrimonio, vienen a ser una sola carne cuya unión es realizada por Dios, “Por lo tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mr. 10.9).

 

Para que un hombre y una mujer puedan unirse en matrimonio, se tienen que observar algunas reglas. Por ejemplo:

 

No pueden unirse en matrimonio los hijos con los padrastros. “Maldito el que se acostare con la mujer de su padre, por cuanto descubrió el regazo de su padre. Y dirá todo el pueblo: Amén” (Deuteronomio 27.20).

 

No pueden unirse en matrimonio los hermanos ni hermanastros. “Maldito el que se acostare con su hermana, hija de su padre, o hija de su madre. Y dirá todo el pueblo: Amen” (Deuteronomio 27.22).

 

No pueden unirse en matrimonio los yernos con las suegras o las nueras con los suegros. “Maldito el que se acotare con su suegra. Y dirá todo el pueblo: Amen” (Deuteronomio 27.23). “La desnudez de tu nuera no descubrirás; mujer es de tu hijo, no descubrirás su desnudez “(Levítico 18.15).

 

En general no pueden unirse en matrimonio los parientes próximos.“Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová” (Levítico 18.6).

 

Cualquier pareja que no cumple los requisitos para poder unirse en matrimonio, en realidad Dios no los une en matrimonio y por lo tanto su relación es ilícita y cometen fornicación.

 

La Fornicación

 

La única relación intima permitida por Dios, es la relación entre un hombre y una mujer unidos en matrimonio. La relación íntima fuera de esta regla constituye la fornicación que toma nombres diferentes al referirse a casos específicos. Por ejemplo:

 

Incesto: relación íntima entre personas vinculadas por parentesco que impide el matrimonio. “Ningún varón se llegue a parienta próxima alguna, para descubrir su desnudez. Yo Jehová” (Levítico 18.6)

 

Bestialidad: relación sexual con animales. “Maldito en que se ayuntare con cualquier bestia. Y dirá todo el pueblo: Amen “(Deuteronomio 27.21).

 

Homosexualismo: relación sexual entre personas del mismo sexo.

 

Lesbianismo:relación sexual entre mujeres.

 

En nuestros días la propaganda del mundo lleva a los jóvenes a ignorar la voluntad de Dios y seguir el consejo de     Satanás para involucrarse en la fornicación en cualquiera de sus formas. “No sea que haya un algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lagrimas” (Hebreos 12.16-17).

 

A veces los jóvenes se involucran en la fornicación pensando que tienen asegurado el perdón de Dios, sin embargo no es así. Tal vez tengan que llegar hasta las lágrimas pidiendo el perdón de Dios y aun así no lo consigan. En ocasiones el problema de la fornicación lleva a otros problemas que se complican al grado de que no tienen una solución adecuada no quiero ahondar en este punto sin embargo solo lo menciono solo para que las personas eviten con todas sus fuerzas involucrarse en la fornicación. El apóstol Pablo decía: “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos” (Efesios 5.3). Pablo dice que la fornicación ni aun debe nombrarse entre los cristianos. Lamentablemente las personas no tienen en cuenta a Dios sino que solamente piensan en la satisfacción de sus deseos carnales y se involucran en la fornicación. Pero más triste aun es que muchas de estas personas son los que se hacen llamar cristianos. Peor aún es el hecho de que algunos líderes religiosos se vean involucrados en estas abominaciones delante de Dios.

                          

Una de las abominaciones más grandes delante de Dios es el homosexualismo. Esta forma de fornicación ha cobrado gran auge en estos últimos días. No hace muchos días, en un noticiero se daba la reseña de una ceremonia de matrimonio entre homosexuales. No hay palabras para definir esta aberración. Estas personas, tanto los homosexuales como los supuestos ministros de Dios, junto con las personas que estuvieron de acuerdo con tal abominación, tienen el entendimiento entenebrecido. Recordemos que el homosexualismo fue el pecado que llevó a la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra (Gn. 19). De ahí deriva la palabra “sodomía” que es sinónimo de homosexualismo.

 

Dios prohibió el homosexualismo en el Antiguo Testamento: “No te echarás con varón, como con mujer; es abominación” (Levítico 18.22). “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre” (Levítico 20.13). en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo denuncia que el homosexualismo es una de las consecuencias de hacer a un lado la adoración pura a Dios para seguir la idolatría: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre si sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida de su extravío. Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestadas de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” (Romanos 1.18.32).

 

El Adulterio

 

Relación sexual de una persona casada con otra que no es su cónyuge. El adulterio es tan grave delante de Dios que en el Antiguo Testamento era castigado con la muerte de los adúlteros. “Si un hombre cometiere adulterio con la mujer de su prójimo, el adúltero y la adúltera indefectiblemente serán muertos” (Levítico 20.10). sin embargo, por la misma gravedad de este pecado, así como por la gravedad de su castigo, era necesario que se comprobara la culpabilidad de los inculpados, mediante el testimonio de dos o tres testigos: “Por dicho de dos o de tres testigos morirá el que hubiere de morir; no morirá por el dicho de un solo testigo. La mano de los testigos caerá primero sobre él para matarlo, y después la mano de todo el pueblo; así quitaras el mal de en medio de ti” (Deuteronomio 17.6-7).

 

El adulterio sigue siendo un pecado grave en el tiempo del Nuevo Testamento. Tan grave es así, que es la única razón por la que puede deshacerse la unión matrimonial para volverse a casar. “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera” (Mateo 19.9). Esto significa que un matrimonio puede deshacerse por causas diferentes a la fornicación en cuyo caso ninguno de los cónyuges puede volver a casarse porque cometería adulterio. También establece que, si uno de los cónyuges comete adulterio mientras están unidos en matrimonio, el otro cónyuge puede divorciarse y volverse a casarse sin cometer adulterio.

 

Es evidente que una persona puede sorprender a su pareja en el acto mismo de adulterio, y que por esa causa puede decidir divorciarse de ella, y sienta que tiene la libertad para volver a casarse. Lo cual es cierto. Lo cual es cierto, sin embargo cuando la persona forma parte de la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, necesita probarle a la iglesia la culpabilidad de su consorte. De acuerdo con la escritura del Nuevo Testamento, la iglesia debe observar una regla para resolver cualquier controversia: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tu y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mateo 18.15-17). El apóstol Pablo siguiendo esta misma regla escribe a los Corintios: “Esta es la tercera vez que voy a vosotros. Por boca de dos o de tres testigos se decidirá toso asunto” (2 Corintios 13.1).

 

Ya que el cristiano no es independiente sino que forma parte de un cuerpo que es el cuerpo de Cristo, el cual es la iglesia, tiene que sujetarse a la ley establecida para la iglesia. Por su parte la iglesia como institución divina, que tiene bajo su responsabilidad dar a conocer la multiforme sabiduría de Dios, tiene que apegarse también a este principio divino: “Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Efesios 3.10). Cuando la iglesia se apega a este principio, queda libre de toda culpa delante de Dios. De otra manera puede caer en la acepción de personas, lo cual es pecado: “Pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores” (Santiago 2.9). También puede quedar delante de Dios como testigo falso por justificar la inocencia la inocencia de una persona sin haber presenciado el hecho o tener el testimonio de los testigos, etc. En el Antiguo Testamento los testigos tenían que lanzar las primeras piedras contra la o las personas que habían de morir, por lo que los testigos eran los que estaban condenando, por lo tanto si eran descubiertos como testigos falsos, recibirían el castigo que se aplicaría al acusado por el testimonio de ellos: “No se tomará en cuenta a un solo testigo contra ninguno en cualquier delito ni en cualquier pecado, en relación con cualquier ofensa cometida. Solo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación. Cuando se levantare testigo falso contra alguno, para testificar contra él, entonces los dos litigantes se presentarán delante de Jehová, y delante de los sacerdotes y de los jueces que hubiere en aquellos días. Y los jueces inquirirán bien; y si aquel testigo resultare falso, y hubiere acusado falsamente a su hermano, entonces haréis a él como él pensó hacer a su hermano; y quitarás el mal de en medio de ti” (Deuteronomio 19.15-19). Los testigos falsos son culpables delante de Dios como si hubieran cometido el pecado del cual acusaron falsamente a otra persona.

 

Queridos hermanos y amigos, el matrimonio como fue instituido por Dios, es el estado perfecto del hombre y la mujer. Salirse del patrón de divino trae como consecuencia desgracia, infelicidad y por último la condenación “Honroso se en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13.4). La fornicación en sus diferentes modalidades será castigada por Dios, conforme a la Escritura. Dios los bendiga.