El Fruto de la Vid

 

La descripción que muchos hacen acerca del siglo pasado en el aspecto religioso, concuerda al señalar que  fue un siglo de controversias, mucho debate y divisiones. Pero como ya lo hemos recordado en otros momentos,  iglesias evangélicas, incluyendo algunos en las iglesias de Cristo en  los Estados Unidos principalmente, vivieron cambios muy drásticos en la doctrina que venían practicando.

 

Entre algunos de los temas más mencionados encontramos el uso de instrumentos de música en la adoración y la sociedad misionera. Encontramos también los cambios relacionados con la figura de la copa, y  con el fruto de la vid; que siendo violentada la práctica común, muchos llevaron a las iglesias a hacer algo distinto a las enseñanzas de la Palabra de Dios. En este contexto quiero animarle a reflexionar un poco acerca del tema  al que quiero referirme en esta ocasión, el fruto de la vid.

 

Esta frase, el fruto de la vid, la encontramos en tres ocasiones en los primeros tres Evangelios en los que se hace referencia a un mismo acto, aquello que Jesús hizo al momento de instituir la cena junto con sus discípulos.

 

1.        “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” (Mt. 26:29).

 

2.       “De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios.” (Mr. 14:25).

 

3.       “Porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga” (Lc. 22:18)

 

Entre los usos que leemos de fruto en la Biblia, tenemos que es un término utilizado generalmente para describir el producto de la tierra, de las plantas, de los animales etc. En este caso, específicamente, fruto de la vid. En su Diccionario Expositivo de palabras griegas del Nuevo Testamento, W. E. Vine explica de Genema (γένημα) (de ginomai, devenir, venir a ser), que denota fruto; el producto de la tierra, como el caso de la vid. El sentido común nos dice que el fruto de la vid es la uva, y lo que el texto del Nuevo Testamento señala es que bebieron ese fruto; entonces esto solo puede ser el jugo de la uva. Esa es la forma que leemos también en el interlineal griego: “el producto de la vid” (Westcott y Hort Interlineal Griego—Español).

 

 

EL ELEMENTO

 

El producto—fruto de la vid, era un aspecto importante en la vida de los judíos tanto en el tiempo del Antiguo Testamento, como en los días en los que  Jesús estuvo en la tierra viviendo entre ellos en el inicio del Nuevo Testamento. Su uso era algo común en la vida diaria, básico en su alimentación y su economía. 

 

También es un tema común en el lenguaje bíblico en sentido literal, como metafórico.  Usted puede notarlo en las palabras; la viña, la parra, la vid la uva, el lagar, el vino, los pámpanos, etc.  Encontramos también, en el lenguaje del Nuevo Testamento que algunas de las parábolas de Jesús se relacionan con el tema de las vides y su cuidado; los obreros en la viña, la higuera plantada en la viña, el vino nuevo en odres viejos, los dos hijos, los labradores malvados etc. Sin olvidar la figura en la que el Señor Jesucristo se presenta a sí mismo, como la vid verdadera; “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador” (Jn. 15.1).

Así es como llegamos a este punto del vino o fruto de la vid. Este era algo usual para un judío en el tiempo del Nuevo Testamento, pero más exactamente para el pueblo de Dios en su historia, pues se considera realmente que  “la vid es una de las primeras plantas cultivadas por el hombre. Ya existía la viticultura en la antigua Babilonia y en el primitivo Egipto…el vino fue un artículo importante en el comercio griego y romano, presente también en las ceremonias religiosas” (Gran Enciclopedia Rialp, 1991). 

 

En la Biblia lo encontramos por el tiempo de Noé: “Después comenzó Noé a labrar la tierra, y plantó una viña” (Gn. 9:20). Luego podemos ver que para la nación Israelita se convirtió  en parte importante, aun desde su entrada a Canaán pues la uva era algo que ya estaba allí (Núm. 13:17-24). Las viñas o viñedos eran lugares comunes en esta tierra, el vino era el producto principal,  la uva además formaba parte de sus alimentos, leemos por ejemplo; “Habla a los hijos de Israel y diles: El hombre o la mujer que se apartare haciendo voto de nazareo, para dedicarse a Jehová, se abstendrá de vino y de sidra; no beberá vinagre de vino, ni vinagre de sidra, ni beberá ningún licor de uvas, ni tampoco comerá uvas frescas ni secas” (Núm. 6:3). También fue parte importante del comercio de muchos pueblos, así como de Israel (Ez. 27).  

 

 

EL SIMBOLO 

El símbolo es una forma de lenguaje muy común en las Sagradas Escrituras, y en este tema no ha sido la excepción. Lo podemos ver en los siguientes ejemplos del Antiguo Testamento: Encontramos que la nación israelita es representada en la figura de la viña (Is. 5:7). La viña fue símbolo de su paz y prosperidad (Salmo 80:8-11). 

 

La viña y el fruto de la vid, también fueron utilizados como símbolo del pecado de Israel en lo que corresponde al tiempo del Antiguo Testamento, algo que fue señalado por el profeta Oseas: “Israel es una frondosa viña, que da abundante fruto para sí mismo; conforme a la abundancia de su fruto multiplicó también los altares, conforme a la bondad de su tierra aumentaron sus ídolos” (Os. 10:1).

 

La misma figura del lenguaje en relación con el pecado, la encontramos en las palabras del Nuevo Testamento  “No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios” (1 Cor. 10:21); Y además relacionado en cuanto a la ira de Dios; “De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso” (Ap. 19:15; 14:10; 16:19).

 

Ya recordamos el hecho que Jesús se presentó como la vid verdadera. Otro hecho sumamente  interesante también es; el que en el lenguaje figurado del Antiguo Testamento se presenta al fruto de la vid como la sangre de la uva: “…Con lo mejor del trigo; Y de la sangre de la uva bebiste vino. “ (Dt. 32:14). “Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto” (Gn. 49:11).

 

Pero mucho más allá de esto, Las  Sagradas Escrituras enseñan que el Señor Jesús utilizó el fruto de la vid para simbolizar o representar su sangre en el establecimiento de la Cena. Usted puede ver que el Nuevo Testamento nos dice que este fruto es señalado como medio expiatorio, como el medio de purificación por medio de la fe. Esto es lo que leímos en los versículos de los evangelios al inicio. Mateo lo presenta así: “porque esto es mi sangre del nuevo pacto…” (Mt. 26:28; Mr. 14:24); “derramada para la remisión de los pecados” (Mt. 23:28).

El hermano G. Keith Bullock en su artículo “Enfermedades Infecciosas y La Copa de La Comunión” dice que el fruto de la vid fue “el elemento perfecto” para representar la sangre de Jesús, por el hecho de ser escogido o puesto por el Hijo de Dios; este pensamiento del hermano Bullock tiene mucho de sentido bíblico, pues se entiende que de no ser así, tal elemento no habría sido utilizado de esta forma. El Nuevo Testamento nos dice que Jesús era el cordero perfecto (Apocalipsis 5), que Jesús fue el sacrificio perfecto ofrecido una vez (Hebreos 10), en esta misma forma, el fruto de la vid como el elemento perfecto como figura de la sangre de Jesús; “sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:18-20).

 

 

EL PROBLEMA (SUSTITUCION)

 

Una de las cosas que es necesario resaltar,  es que el fruto de la vid viene a ser parte de una celebración religiosa en el pueblo de Dios, en la cual levadura y  fermentación están prohibidos, es así lo relacionado con la pascua judía o bien; con  la Cena del Señor practicada por los cristianos (Éxodo 12; Mateo 26; Marcos 14, Lucas 16). Es notable que cuando el principio bíblico era ignorado en algún aspecto,  como el caso en el que Pablo exhortó a los de Corinto; Pablo les reprendió diciéndoles;  “…esto no es comer la cena del Señor” (1 Cor. 11:20), Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor” (11:17). Un estudio de la Carta, nos permite ver, que los de Corinto participaban de la cena, pero en algo aunque mínimo, habían alterado el orden enseñando por Jesucristo.

 

El cristiano hoy debe recordar que uno de los problemas con los que se tiene que lidiar en todo tiempo, es en como muchos al encontrar obstáculos, o simplemente por comodidad dejan de hacer lo que enseñan las Escrituras. ¿Qué hacer cuando no hay uvas o jugo de uva? Para muchos de nosotros en nuestro tiempo es algo simple, ir al supermercado y conseguir el jugo de la uva, o bien comprar uvas y prepararlo por nosotros mismos. Pero pensemos por un momento lo que pasaría en caso de no ser así.

 

Aquí nos encontramos con este dilema, por una parte no tomar la Cena o sustituir el fruto de la vid por algo que no lo es.  

 

Este es parte del problema que enfrentaron algunas denominaciones en el siglo anterior. Podemos leer por ejemplo, acerca de algunos de los historiadores de la iglesia metodista, quienes escribieron sobre la búsqueda de “alternativas adecuadas” cuando escaseaba el jugo de la uva, o la uva misma, optando en muchos casos por la sustitución. Algunos siguieron el camino del vino fermentado, otras iglesias pusieron agua en lugar del vino  “hasta que en el año de 1869 el Dr. Thomas B. Welch perfeccionó un proceso de pasteurización de jugo en su cocina y comenzó a vender "Dr. Welch's Unfermented Wine,” empresa que con muchos problemas en su inicio, pero que se fortaleció con el paso del tiempo.  (Artículo en inglés, Controversia, Comunión y Jugo de Uva Welch; Joe Lovino).

 

Lo anterior solo es una pequeña muestra de este problema. La Palabra de Dios dice que el cristiano debe seguir fielmente la enseñanza bíblica. La iglesia debe ser fiel en todo tiempo y bajo cualquier circunstancia. Nadie tiene autoridad de quitar, añadir, cambiar nada de Las Escrituras (Ap. 22: 18-19). El cristiano debe creer y obedecer la verdad, debe hablar conforma a las Palabras de Dios (1 Pedro 4:11), debe cuidar de no adulterar la Palabra de Dios (2 Cor. 4:2; 1 Ped. 2:2), etc. Sabemos de cómo para muchos no  es algo importante y se conforman con beber “algo que parece” fruto de la vid; y debemos ser sinceros para con Dios. ¿Está usted seguro que lo que usa en la Cena, es fruto de la vid? ¿Recuerda el caso de aquellos que ofrecieron fuego delante de Dios? Las Escrituras dicen que ellos ofrecieron fuego, fuego que Dios lo calificó de “extraño.”    No sabemos exactamente el porqué, pero lo que alcanzamos a discernir de esto, es que a ellos “les pareció” que cumplían con la ordenanza de Dios, cuando realmente para Dios no fue así. Se entiende que debe haber sido algo mínimo, pero lo cierto es que fue algo “…que él nunca les mandó” (Lev. 10:1-2).

 

En conclusión; estas palabras son con el propósito de recordar la importancia de este mandamiento. Por una parte tenemos que cuidar la doctrina, las enseñanzas de Jesús y las enseñanzas de los apóstoles están llenas de advertencias de no mezclar, adulterar o corromper la doctrina; sea con razonamientos, filosofías, costumbres humanas, etc., por mínimas que estas sean a nuestro parecer, pues en realidad “Un poco de levadura leuda toda la masa” (Gal. 5:9). La fe del cristiano debe tener “certeza, seguridad” en lo que cree y practica, y esto solo viene por tener el conocimiento de la verdad (Hebreos 11:1, 6; Romanos 10:17).